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Diálogo

Con el fin de iniciar cualquier trato, asunto o relación, lo primero que debe hacerse es entablar una charla cordial, a eso se le conoce como Diálogo.

Creciendo en el diálogo

¿Has ido alguna vez al teatro? En ese espectáculo los actores representan situaciones que viven las personas, se comunican y usan las palabras de diferentes maneras. En un monólogo un personaje habla por largo rato, dirigiéndose a otro personaje, al público o a sí mismo, como si pensara en voz alta. En un diálogo, las palabras y participaciones se alternan y los personajes intercambian información, comparten sus emociones, narran sus experiencias, revelan sus sentimientos y resuelven sus problemas. Cuando hablas sin escuchar a los demás te alejas de ellos y, en cierta forma, permaneces encerrado en ti mismo. Cuando hablas y escuchas, o escuchas y hablas, tu paisaje se enriquece gracias a las otras personas, tu mundo se vuelve más valioso y amplio y puedes construir acuerdos con ellas para resolver conflictos o actuar en una situación de emergencia.

 

Tu voz y mi voz

Una de las más sorprendentes facultades de los seres humanos (y de nuestros parientes cercanos, los mamíferos) es la posibilidad de comunicarse y darse a entender. Para ello contamos con distintos recursos como nuestro idioma (lenguaje verbal), pero también con el lenguaje no verbal (gestos y expresiones corporales). Estos recursos nos permiten manifestar nuestras ideas, deseos e intenciones y conocer los de los demás. Sin embargo, no siempre hacemos el mejor uso de ellos. Las conversaciones pueden volverse superficiales y un poco tontas, como si fueran puro ruido. No escuchamos con atención a los demás y a veces tememos decir lo que sentimos. El valor del diálogo consiste en pensar con inteligencia y cuidado lo que vamos a decir, en abordar temas importantes para nuestra vida, escuchar atentamente a los otros y hacernos oír por los demás. Las metas más importantes del diálogo son la paz, la concordia, la comprensión y la solución de conflictos.

 

El extremo opuesto

La actitud contraria al diálogo es la incomunicación. Ésta provoca una sensación de aislamiento en las personas porque no pueden compartir con los demás lo que sienten o necesitan. Por otra parte, impide que la gente se conozca tal y como es, por lo que viven en una permanente soledad. La incomunicación impide realizar proyectos comunes y resolver conflictos. En los casos más graves genera tensiones que, con el tiempo, pueden tener serias consecuencias que van desde el divorcio (cuando los miembros de una pareja no se comprenden), hasta una guerra (cuando una nación no escucha las razones de otra).