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Paz

13-Paz-01

Paz. (Del lat. pax, pacis).

1. f. Situación y relación mutua de quienes no están en guerra. 2. f. Pública tranquilidad y quietud de los Estados, en contraposición a la guerra o a la turbulencia. 4. f. Sosiego y buena correspondencia de unas personas con otras, especialmente en las familias, en contraposición a las disensiones, riñas y pleitos. 5. f. Reconciliación, vuelta a la amistad o a la concordia. 6. f. Virtud que pone en el ánimo tranquilidad y sosiego, opuestos a la turbación y las pasiones.

—Diccionario de la Real Academia Española.

 

La paz de los niños y las niñas

Las relaciones entre las personas no siempre son fáciles. Con mucha frecuencia nuestro trato con los demás da lugar a disgustos, rivalidad, enfrentamientos y pleitos. Ello ocurre no sólo entre extraños, sino también entre padres e hijos, hermanos, esposos, novios y amigos. Dicho fenómeno es normal. Es imposible que siempre estemos de acuerdo en todo. Un mundo en el que sólo hubiera armonía, fraternidad y amor puede parecer atractivo, pero solamente existe en la fantasía. La realidad está hecha de luces y de sombras, de tranquilidad y de conflicto, de acuerdos y desacuerdos, de entendimiento e incomprensión. No obstante, si nos dan a elegir, todos preferimos vivir en armonía y todos tratamos de llevarnos bien con los demás, pese a que, en ocasiones, esto resulte complicado.

La paz es uno de los valores más importantes con los que contamos. No sólo permite que podamos vivir con los otros, sino también ayuda a que nuestra existencia sea más agradable y plena. Es cierto que este valor no impide que haya enojos y enfrentamientos, pero si cultivamos, difundimos y defendemos la paz lograremos que el mundo sea un mejor lugar para vivir.

Es importante aclarar que cuando hablamos de paz no nos referimos sólo a las buenas relaciones entre los países, sino también entre las personas. Incluso existe la paz interior, es decir, la serenidad que podemos lograr dentro de nosotros y que contribuye a volvernos amables, generosos y alegres.

La historia está llena de defensores de la paz. Uno de ellos es Alfred Nobel, nacido en Estocolmo en 1833 y a quien se recuerda por ser el creador de los premios que llevan su nombre, y entre los que destaca el Premio Nobel de la Paz. Dicho galardón se entrega cada año en Oslo, capital de Noruega, “a quien haya laborado más y mejor en la obra de la fraternidad de los pueblos, a favor de la supresión o reducción de los ejércitos permanentes, y en pro de la formación y propagación de Congresos de la Paz”. Lo que poca gente sabe es que Alfred Nobel es también el inventor de la dinamita, potente explosivo que fue creado con fines civiles, pero que pronto se utilizó como arma de guerra. Horrorizado, Alfred decidió entonces crear el mencionado premio como una forma de recordarnos el valor de la paz.

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Consideras que vives en un país pacífico?

• ¿Piensas que tu escuela es un lugar violento?

• ¿Por qué crees que es importante promover la paz?

• ¿Qué harías si tu país entrara en guerra?

 


Creciendo en la paz

¿Cómo vives la paz? ¿Qué identificas con ella? Puede ser tan sencilla como una tarde tranquila cuando hay silencio en casa y estudias para el día siguiente, en calma, o tan complicada como cuando dos países deciden resolver algún conflicto mediante un acuerdo amable y amistoso que renuncia a la violencia. La paz es el valor que se opone a las riñas, los pleitos y las discusiones, y se vale de la reflexión y el diálogo para resolver conflictos, construir relaciones afectuosas y creativas. Quizá el entorno en el que vives no es muy pacífico, tal vez haya dificultades en casa o problemas en la escuela. Sin embargo, tú puedes y debes hacer la diferencia rechazando las provocaciones, evitando la agresión y buscando conciliar a quienes tienen problemas entre sí. La paz interna termina por proyectarse al mundo exterior y abre caminos por los que es más sencillo andar. Si creces en la paz tu potencial alcanzará su máximo desarrollo. Si promueves la paz estarás contribuyendo a un mundo más seguro y amable donde se desarrollen las demás personas.

La paz es mi valor

Una persona pacífica es una persona serena que no se deja afectar por las circunstancias desfavorables que pueda hallar en su camino y jamás reacciona con violencia. No es fría ni insensible, tiene sentimientos fuertes y adecuados que la hacen sentirse como una persona independiente capaz de enfrentar las dificultades, sin dejar que la arrastren las circunstancias que no pueden controlarse. Nunca pierde el dominio de sí misma ni se siente afligida por los problemas. Sus principales recursos para tratar los conflictos con los demás son la reflexión, el diálogo y la búsqueda de acuerdos. La paz y la serenidad superan el temor y el nerviosismo; han sido los grandes objetivos de los sabios y las naciones.

El nacimiento de las Olimpíadas modernas

Cuando vemos por televisión las transmisiones de los Juegos Olímpicos pensamos que su  esencia está en la destreza de los atletas que buscan recibir una medalla de oro o romper algún récord. Eso es sólo la parte más espectacular de una intención profunda, ligada a los valores de convivencia, especialmente a la paz entre los hombres y países. Esa fue la idea que animó a su promotor, el Barón Pierre de Coubertin, quien propuso “reunir a las asociaciones deportivas de todas los países en un vínculo consagrado por la celebración de competencias periódicas”. Su modelo fue el festival deportivo realizado en la antigua Grecia a partir del siglo VI a.C.

A Coubertin le interesaba promover los Juegos pues a fines del siglo XIX las naciones europeas vivían tensiones políticas que amenazaban con provocar una guerra. Su proyecto cobró forma y en abril de 1896 se inauguraron en Atenas los primeros Juegos con 14 países y 241 deportistas. La cifra aumentó en las siguientes ediciones y se había duplicado en los Juegos de Estocolmo, celebrados en 1912. Este exitoso inicio sufrió un tropiezo: la Primera Guerra Mundial, ocurrida entre 1914 y 1918, en la que se enfrentaron las naciones que tiempo atrás convivían pacíficamente y murieron unos diez millones de personas.

Serenidad por fuera

Las personas que logran estar en paz consigo mismas comunican esa paz hacia el exterior. En primer lugar, ponen el ejemplo: ver a alguien nervioso nos pone nerviosos, ver a alguien tranquilo, nos pone tranquilos. Por otra parte, nunca tienen respuestas agresivas. Cuando alguien es pacífico, no importa que una persona se acerque para agredirlo o insultarlo, nada lo hará perder la calma. Ésa es la primera semilla que se pone para cultivar la paz en el mundo. Si alguien nos desafía a golpes y, simplemente, no respondemos, le estaremos indicando que no es la forma correcta de actuar. Si en la casa alguien nos grita y no le contestamos, le estamos indicando que ése no es un buen modo de hablar.

Aparte de su gran importancia para la vida personal, la paz es la mejor forma de construir sociedades seguras, donde cada quien respete y aprecie a los demás. También es la mejor manera de construir países seguros que puedan desarrollarse y ser cada vez mejores. Cuando los países se enfrentan en guerras todos salen perdiendo: hay muertos, heridos, daños materiales, problemas económicos, hambre y enfermedades. Pero cuando deciden resolver sus diferencias de una buena manera, todos salen ganando.

Vive la paz en tu interior y exprésala en cada una de tus acciones, evita los conflictos y busca los acuerdos. No te dejes arrastrar por un mundo de ruido y agresividad. Aprende a vivir y responder siempre con calma y bondad.

Lo que dicen los libros

“La obra de la verdadera justicia tiene que llegar a ser la paz. El servicio de la justicia verdadera, tiene que ser la quietud y la seguridad hasta tiempo indefinido. Nuestro pueblo tiene que vivir en un lugar de habitación pacífico, habitar en residencias de plena confianza y descansar en lugares sosegados.” “Horror en el corazón de quienes traman el mal; gozo para los que aconsejan paz.”

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