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Libertad

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Libertad es la capacidad que posee el ser humano de poder obrar según su propia voluntad, a lo largo de su vida; por lo que es responsable de sus actos.

Gente de valores

Romper las cadenas

En la zona central del estado de Veracruz existe un pueblito situado en medio de las montañas. El lugar se llama Yanga y es famoso por ser la primera población creada por una comunidad de esclavos africanos que, en la época colonial, se rebeló del yugo español. Se denomina así en recuerdo de su fundador, Gaspar Yanga, un valiente esclavo traído de África que se alzó en contra de quienes lo habían esclavizado y huyó a las montañas. Vivió como prófugo durante muchos años e incluso enfrentó con éxito a las tropas españolas que intentaron aprehenderlo. Al final, el virrey aceptó dejarlo en paz y permitirle a él y a sus compañeros establecerse en un lugar que originalmente se llamó “Pueblo Libre de San Lorenzo de los Negros”.

 

La libertad de los niños y las niñas

En la historia anterior, la tía Guillermina les relata a sus sobrinos un cuento que ella inventó y que parece una fantasía, pues ocurre en un país imaginario. Sin embargo, el relato aborda un tema que, por desgracia, es muy real. En la narración se habla de pequeños que son obligados a trabajar. ¿Sabías que esto ocurre hoy en día en muchas partes del mundo? Según datos de la Organización Internacional del Trabajo, en la actualidad existen 168 millones de niños y niñas que pasan sus días laborando en el campo, en las minas, en talleres, en fábricas y en casas. Algunos están en las calles vendiendo dulces o cigarros, lavando parabrisas o “cuidando” espacios de estacionamiento. Todos ellos lo hacen por necesidad, pues muchos son huérfanos o fueron abandonados; otros proceden de familias pobres y deben contribuir a la supervivencia de los suyos. Se trata, pues, de un problema económico. Sin embargo, al estar trabajando, esos niños y niñas dejan de estudiar y de jugar, además se exponen a riesgos y enfermedades. Por si fuera poco, se quedan sin infancia, sin esperanzas y, sobre todo, sin libertad.

La libertad es uno de los valores más importantes del ser humano. No se trata de algo que debamos buscar o recibir. No es algo que esté “fuera” de nosotros, sino de un derecho que todas las personas, sin importar la edad o condición social, tenemos desde el momento de nacer y que ejercemos cuando podemos elegir, tomar decisiones, expresar una opinión y realizar nuestras aspiraciones y deseos. En el caso de los niños y las niñas, la libertad no significa hacer todo lo que queramos en el momento en que se nos antoje, sino de elegir lo que más nos conviene para ser mejores como individuos. Así, por ejemplo, ir a la escuela nos hace libres porque amplía las posibilidades de escoger la profesión o el oficio que nos gustaría ejercer en el futuro. Esto es algo que no pueden hacer los pequeños que son obligados a trabajar. También eres libre cuando evitas las drogas y el alcohol, pues al no estar encadenado a tales vicios tendrás una vida física y mental sana y, de esta forma, estarás en mejores condiciones para que tu existencia resulte más plena, satisfactoria y feliz.

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Conoces en tu comunidad a niños que se hayan visto obligados a dejar la escuela para trabajar?

• ¿Te consideras una persona libre?

• ¿Crees que ser libre significa hacer todo lo que uno quiere?

• ¿Piensas que hacer lo que te dicen tus padres te hace menos libre?

 

La libertad es mi valor

Una persona libre se opone a todo lo que pretenda sujetarla a las decisiones de los demás cuando éstas invaden aspectos de su vida que no les corresponden. Al mismo tiempo, sabe acatar las reglas de su comunidad y proteger la libertad de los demás. Respeta los principios de convivencia y la dignidad de quienes lo rodean. Por otra parte, sus acciones y decisiones no están guiadas por los impulsos y no se dejan controlar por las emociones. Usan el recurso de la reflexión y el razonamiento para decidir qué les conviene hacer y miden las consecuencias de sus actos. Saben reconocer lo que sienten y no tienen temor de expresarlo: hablan con la verdad y buscan vivir en la verdad para ser independientes. La libertad no es una meta, es la búsqueda de un camino que se lleva a cabo desde la niñez y hasta la muerte.

Un rasgo que define a los seres humanos es la posibilidad de determinar por sí mismos qué forma quieren darle a su vida y emprender las acciones para conseguirlo. Puede tratarse de asuntos sencillos, cómo lo que deseas hacer esta tarde. Pero también puede tratarse de asuntos grandes y complicados, como la profesión que te gustaría tener o el tipo de familia que quieres formar. A medida que crezcas los temas a decidir serán cada vez más importantes. En cada etapa tu libertad consiste en esa capacidad de elección.

Sin embargo, tomar buenas decisiones no significa guiarte por el capricho o el deseo momentáneo, sino seguir un proceso cuidadoso. En primer lugar tienes que dedicarles el tiempo suficiente para analizarlas detenidamente. En segundo, hacer un plan ordenado para llevarlas a cabo. En tercero, considerar cómo afectan a los demás y su propia libertad. Estos pasos aseguran que tus decisiones libres sean decisiones responsables para contigo mismo y los otros. Conquistar la libertad consiste en quitarte las ataduras que te ponen los demás, pero tener siempre en cuenta las consecuencias de lo que haces. Por un momento es volar muy alto en el cielo; por otro, tener firmes los pies en la tierra.

¿Ya lo pensaste?

La esclavitud o la cárcel son las experiencias más extremas de pérdida de la libertad. Pero existen otras que no suelen reconocerse tan claramente: una familia con padres muy autoritarios que desean controlar todo, un grupo escolar que no participa por miedo a su maestro, una sociedad que vive presionada por un gobierno injusto; la adicción a las drogas, el alcohol y los videojuegos o la pertenencia a sectas religiosas… ¿En algún momento de tu vida has sentido que has perdido tu libertad? ¿Consideras que la tienes ahora? Piensa y comenta esas situaciones.

El extremo opuesto

El concepto opuesto a la “libertad” es la sujeción, estar sujeto a algo, “amarrado” a un lugar, una persona o una situación. La principal consecuencia de permanecer así es un retraso en el desarrollo: un pueblo sujetado por el gobierno no crece ni produce riquezas, un hijo sujetado por sus padres no aprende a tomar sus determinaciones, una esposa sometida por su marido no puede trabajar ni estudiar. Por otra parte, quien sujeta a los demás les está quitando la oportunidad de disfrutar la vida.

Los esclavos blancos

La esclavitud es una de las formas más graves de perder la libertad. En el pasado era común que un grupo de personas capturara a otras, en desventaja militar, para venderlas como fuerza de trabajo, cual si se tratara de objetos. Las principales víctimas de esta acción eran seres humanos de piel negra, nativos de África. Miles de ellos fueron traídos a la Nueva España por los españoles, pero también hubo esclavos de piel blanca. Su caso nos hace pensar que la pérdida de libertad es un problema que puede afligir a cualquier persona, independientemente de su origen o características.

En los dos primeros siglos del gobierno virreinal hubo seis tipos de esclavos blancos. Los berberiscos procedían de Mauritania, una zona del noroeste de África, en la costa del Atlántico. Los moros venían de distintas regiones del norte de África, en la costa del Mediterráneo. Los de La Gomera provenían de una de las Islas Canarias, en la costa de África. Los guanches también venían de las Canarias y descendían de los pobladores originales de éstas. Otros procedían de Mallorca, Cerdeña y Menorca. En la zona de Tlaxcala, a inicios del siglo XVII, también había esclavos procedentes de las islas de Grecia, de piel más blanca que los propios españoles. Éstos, al igual que los esclavos negros, eran víctimas de grandes injusticias: trabajaban jornadas largas y pesadas, sólo podían casarse entre ellos, no podían contar con armas, no podían salir de noche ni usar determinadas prendas de vestir reservadas a las personas libres (las mujeres no podían llevar alhajas). Si intentaban huir sufrían recios castigos físicos, la ausencia de cuatro días se castigaba con 50 azotes; si pasaba de ocho, con 100; y si superaba los cuatro meses, con 200. Si se descubría algún intento de rebelión podían incluso cortarles las manos o ejecutarlos sin juicio previo.

Los grandes caudillos de la Independencia propusieron abolir la esclavitud de blancos y negros. El primer decreto, elaborado por Miguel Hidalgo, se promulgó el 6 de diciembre de 1810. El segundo, elaborado por José María Morelos, se dio a conocer el 5 de octubre de 1813. El tercero, ya en el México independiente, fue obra de Vicente Guerrero y está fechado el 15 de septiembre de 1829. Esos tres documentos demuestran que para los líderes independentistas no sólo importaba la libertad de toda la población con respecto a España, sino también la libertad individual de cada habitante. Aunque la esclavitud ya no existe, estos hechos aclaran que, sin importar el color de la piel, todos tenemos derecho a la libertad y todos corremos el riesgo de perderla.

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