Hakuna Matata, la fortaleza suave
El pequeño héroe, ejemplo de fortaleza
La Fortaleza: don, virtud y valor
El inicio del mestizaje, nuestra fortaleza.

Justicia

14-Justicia-01

f. Virtud que inclina a dar a cada uno lo que le pertenece o lo que le corresponde.

Se relaciona con:

Derecho, razón, equidad. Lo que debe hacerse según el derecho o la razón. Pena o castigo y su aplicación. Poder judicial. com. Persona o tribunal que administra justicia.

—Diccionario de la Lengua Española, Vigésimo segunda edición.

La justicia de los niños y las niñas

Si no existiera la justicia viviríamos en un mundo sin orden ni leyes. Nadie respetaría la vida de sus semejantes ni iría a la cárcel cuando cometiera un delito. Cualquiera podría entrar a tu casa y llevarse tus cosas, los maestros te pondrían la calificación que se les antojara sin importarles cuánto sabes, nadie estaría obligado a cumplir sus promesas y los partidos de futbol siempre acabarían a golpes, pues ninguno de los dos equipos tomaría en cuenta el marcador. En una realidad así sólo sobrevivirían los más fuertes, pues al no haber normas, acuerdos o reglamentos, la única manera de conseguir lo que quisiéramos sería mediante la violencia, la intimidación o el abuso.

Por fortuna, la justicia existe. Y aunque eso no significa que las personas se comporten siempre de manera justa o que en la sociedad nunca haya desacuerdos, lo cierto es que la mayoría de nosotros preferimos que reine el respeto, la armonía y la paz. A todos nos molesta que no nos tomen en cuenta o nos den menos de lo que merecemos (o creemos merecer). También solemos indignarnos cuando alguien es tratado de manera arbitraria o fue privado de alguno de sus derechos. Esto sucede porque el valor de la justicia vive en nosotros y nos sentimos afectados cuando vemos que alguien actúa de manera injusta. El caso de fray Bartolomé de las Casas, un fraile dominico que llegó a tierras americanas a principios del siglo xvi, es un buen ejemplo de cómo este valor nos motiva a ser mejores. Nacido en Sevilla en 1484, Bartolomé fue testigo del trato inhumano dado a los indios por los españoles en el llamado Nuevo Mundo. Dicha injusticia le produjo un gran enojo, motivándolo a luchar a lo largo de su vida en favor de los indígenas. Gracias a su esfuerzo se promulgaron leyes para protegerlos. Hoy se considera a este hombre como uno de los precursores de los derechos humanos.

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Consideras que vives en una sociedad justa?

• ¿Conoces algún caso de injusticia que se haya cometido en tu comunidad o en tu escuela?

• ¿Por qué consideras que es importante la justicia?

• ¿Qué crees que se pueda hacer para que la sociedad sea más justa?

 

La justicia es mi valor

Una persona justa conoce las normas y leyes vigentes de la comunidad, el municipio, la ciudad, el estado y el país donde vive y las hace valer en tres sentidos: 1) las respeta en su conducta diaria; 2) exige que se respeten en los asuntos que le conciernen; 3) procura que se respeten en el caso de las demás personas, en especial cuando se hallan en desventaja. En otras palabras, protege y respeta los derechos ajenos y exige que se protejan y respeten los suyos. El valor de la justicia no se limita a los asuntos legales, se extiende a la vida diaria procurando que cada quien reciba lo que le corresponde y tomando decisiones que no afecten negativamente a los demás.

Justicia Olímpica

La justicia tiene un papel muy importante en cualquier práctica deportiva. Tomando en cuenta que cada deporte se rige por reglamentos y que los encuentros más relevantes son competitivos, es indispensable que existan jueces y árbitros para vigilar que todo se desarrolle en orden, que no se cometan faltas y que cada equipo o integrante reciba lo que le corresponde. Tú mismo has visto cuando el árbitro de un partido de futbol marca un penalti, y tu maestro de Educación Física puede explicarte bien que en cada deporte existe una persona o un conjunto de personas que cumplen una función semejante. Su tarea básica es impartir justicia, procurar el respeto a los derechos de los participantes y garantizar al público un juego limpio.

En el caso de los Juegos Olímpicos el arbitraje es esencial, considerando los variados incidentes que pueden ocurrir en ellos. Los jueces y árbitros que toman parte son seleccionados por los comités técnicos de cada Federación Nacional. Se busca que sean los que mejor conocen el deporte que van a calificar y que estén representados miembros de los cinco continentes para evitar favoritismos. Por la gran cantidad de eventos a desarrollar el país anfitrión aporta a muchos de los oficiales que integran las “mesas de anotación” de cada deporte.

¿Qué ocurre cuando las disputas rebasan el alcance de esos jueces? Muchas se salían de control y desprestigiaban al olimpismo. A inicios de la década de 1980 las autoridades deportivas se percataron de que no existía una autoridad independiente especializada en su manejo. Juan Antonio Samaranch, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI) de 1980 a 2001 pensó en crearla. Así surgió el Tribunal de Arbitraje Deportivo que entró en funciones entre 1983 y 1984 y permanece activo.

Con sedes en Lausana, Sídney y Nueva York el Tribunal es permanente y establece tribunales especiales durante los Juegos Olímpicos. Resuelve las disputas relacionadas con el deporte en asuntos tan diversos como las acusaciones de dopaje (uso de drogas) o los contratos de los deportistas con sus patrocinadores. Con ese fin se establecen paneles de tres expertos independientes en el asunto en cuestión. Cada juicio es confidencial, tiene un costo moderado y dura entre seis y doce meses. El Tribunal también puede trabajar como mediador buscando un acuerdo entre las partes en conflicto. De este modo preserva los ideales de armonía, fraternidad y honestidad que inspiran al movimiento olímpico.

 

En un mundo donde todos tenemos derechos y obligaciones la justicia es indispensable para dar a cada quien lo que le corresponde.

En ella se engloban algunos de los aspectos más importantes para el desarrollo de la vida personal, como las garantías de ser libre, mantener la salud y la integridad del cuerpo o recibir educación y alimentos, entre otras. Su otra función consiste en impulsar la civilidad; es decir, lograr que por sí mismas —sin la mediación de jueces o tribunales— las personas respeten mutuamente sus derechos: que nadie se apropie de bienes ajenos, que nadie lastime a los demás, que los padres se hagan responsables de sus hijos pequeños y que los hijos adultos protejan a sus padres ancianos.

Cuando estos derechos no se respetan corresponde al gobierno del país impartir justicia, imponiendo castigos a quienes no se ajustan a las leyes y normas de convivencia y obligándolos a reparar el daño que hicieron. La misión no es sencilla: los jueces deben ser libres e imparciales y llegar a una decisión respetuosa para las dos partes, pues con ello están poniendo un ejemplo a la sociedad. Por eso el símbolo de la justicia es una mujer que lleva los ojos vendados —no da preferencia a nadie—, en una mano porta una balanza que simboliza el equilibrio en sus decisiones y en la otra, una espada que representa la decisión de defenderlas. Lograr ese balance imparcial es el ideal de un gobierno democrático.

 

¿Ya lo pensaste?

La búsqueda de la justicia no se limita a los tribunales y a las autoridades, debe ser la misión de todos nosotros en la vida diaria como sociedad civil. Se trata de facilitar el camino para que cada quien expanda su potencial: respetar el derecho de nuestros familiares a realizar sus planes individuales, ayudar a las personas a que obtengan lo que les corresponde, no arrebatar a los demás sus derechos y luchar por conservar los nuestros. Con nuestras acciones podemos contribuir a construir una sociedad igualitaria, armónica y respetuosa que exprese las máximas virtudes de cada uno de sus integrantes.

 

Historia Nacional

El Chamizal

A causa de la guerra contra Estados Unidos que se libró de 1846 a 1848, la República Mexicana perdió más de la mitad de su territorio original. Gran parte de la frontera quedó determinada por el curso natural del Río Bravo, también llamado Río Grande del Norte.

A la altura de Paso del Norte, población llamada hoy Ciudad Juárez, había una porción de terreno que se situaba del lado mexicano; pero en 1864, cuando el Río Bravo cambió su curso por un fenómeno natural, quedó del lado de Estados Unidos, lo que significaba el riesgo de perder una sección adicional de nuestro país.

En 1866 el presidente Benito Juárez informó al gobierno de Estados Unidos que este fenómeno natural no disminuía el territorio mexicano. Sin embargo, el país vecino se negó a aceptarlo, asegurando que cualquier área ubicada al norte del río era suya. Juárez murió sorpresivamente en 1872, antes de que el asunto quedara resuelto.

Aunque El Chamizal tenía una extensión de apenas 2.4 kilómetros, conservarlo como parte de la República Mexicana tenía un gran significado para la soberanía nacional, las relaciones con Estados Unidos y el respeto a la justicia internacional.

El conflicto se mantuvo igual durante el largo gobierno de Porfirio Díaz. El 24 de junio de 1910 se acordó someter el asunto a una comisión en la que habría representantes de México y Estados Unidos y un jurista canadiense, seleccionado por ambas partes, que debería hacer el papel de árbitro. El elegido fue el abogado Eugène Lafleur, quien gozaba de una excelente reputación en su país por su imparcialidad y conocimiento de las leyes internacionales. El 15 de junio de 1911, por mayoría de votos, la Comisión resolvió que El Chamizal pertenecía al territorio mexicano y que se debía reintegrar oficialmente a éste. Pero Estados Unidos se negó a acatar la resolución en las décadas siguientes y el gobierno mexicano no pudo hacer gran cosa al respecto: iniciar una guerra sería absurdo tomando en cuenta el tamaño del área en disputa y la desventaja militar de México en comparación con Estados Unidos. México optó por una estrategia política que tomó años desarrollar. Finalmente, en 1963 se reunieron los presidentes Adolfo López Mateos, de México, y Lyndon B. Johnson, de Estados Unidos, siguiendo lo determinado por la Comisión acordaron que el territorio en litigio se restituyera a México, hecho que se verificó a partir del 28 de octubre de 1967. El nuevo cauce del Río Bravo se rectificó para evitar cambios inesperados y fue inaugurado en 1968.

¿Lo sabías?

Una de las misiones esenciales de todo gobierno es impartir justicia. En México el poder judicial es uno de los tres que dirigen el rumbo de la nación. Los otros dos son el ejecutivo (el presidente) y el legislativo (las cámaras de diputados y senadores). Su máxima instancia es la Suprema Corte de Justicia de la Nación que se encarga de cuidar el equilibrio entre los poderes y solucionar los asuntos judiciales más importantes. No existe ningún órgano por encima de ella ni recursos que puedan oponerse a sus decisiones. Está conformada por once ministros y es presidida por uno de ellos. Éstos deben ser licenciados en derecho, honorables, eficientes y capaces, con buenos antecedentes como defensores de la justicia y una trayectoria libre de manchas.

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