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Esperanza

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Esperanza. Estado del ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos. Alegría. Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. Optimismo. Propensión a ver y juzgar las cosas en su aspecto más favorable. Entusiasmo. Exaltación y fogosidad del ánimo, excitado por algo que lo admire o cautive. Adhesión fervorosa que mueve a favorecer una causa o empeño.

—Diccionario de la Real Academia Española

La esperanza de los niños y las niñas

A veces la vida nos coloca en situaciones muy difíciles o nos plantea desafíos tan grandes que parecen superarnos. Todos hemos atravesado por malos momentos y todos, en alguna ocasión, hemos creído que no podremos salir adelante. En dichas circunstancias nos sentimos tristes, derrotados e incluso desesperados, tal como le ocurre a Evaristo, uno de los protagonistas del cuento anterior. No solamente se queda sin trabajo, sino que también comienza a creer que nunca conseguirá otro. Su esposa, Amalia, no comparte esta creencia. Ella encarna el valor de la esperanza. No pierde el optimismo ni la confianza; sabe que si ambos se esfuerzan resolverán el problema por el que atraviesan. Al final del cuento los hechos le dan la razón a Amalia.

La esperanza es un valor que nos permite sostenernos cuando las cosas no van bien, nos llena de energía para no dejarnos vencer y para salir adelante. Quien posee esperanza confía en que las cosas mejorarán, en que aun en medio de la más completa oscuridad es posible descubrir una luz que nos ayude vislumbrar el final del túnel.

Sin embargo, hay que dejar claro que la verdadera esperanza no consiste en creer que los problemas se solucionarán por sí solos, que todo saldrá bien nada más porque sí o que el éxito se alcanza sin luchar. Para que este valor adquiera sentido es necesario acompañarlo de la acción. Dicho en otras palabras, no se trata solamente de suponer que el futuro será mejor, sino de trabajar para que ello ocurra. La esperanza se justifica cuando se encuentra acompañada de esfuerzo y dirección, y cuando sentimos que el triunfo depende, en primera instancia, de nosotros y no de la suerte o de que otros resuelvan nuestros problemas. Alguien puede tener la esperanza de aprobar un examen, pero si no se toma la molestia de estudiar, lo más probable es que repruebe. Hoy todos estamos de acuerdo en considerar a Edson Arantes do Nascimento, conocido popularmente bajo el seudónimo de Pelé, como uno de los mejores futbolistas del mundo. Sin embargo, su infancia transcurrió en la miseria y no fue fácil para él alcanzar el reconocimiento. Desde que era un niño pequeño y pateó por primera vez una pelota de trapo, la esperanza de convertirse en el más grande lo impulsó a la cima.

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Has pensado cómo será tu vida cuando seas mayor?

• ¿Crees que si esperas que ocurran cosas buenas éstas sucederán por sí solas?

• ¿Consideras que a las personas optimistas les va mejor en la vida que a las pesimistas?

• ¿Cómo vislumbras el futuro de tu país?

 

La esperanza es mi valor

Una persona esperanzada está convencida de que sus ilusiones y sueños más importantes se cumplirán. Confía también en que los problemas que tiene en el presente van a solucionarse para que todo vuelva a la calma. No limita esta visión a sí misma: la extiende a quienes la rodean. Lo más importante es que no se limita a soñar ni se cruza de brazos. Sabe que las metas se alcanzan y los problemas se resuelven a través de acciones concretas donde se aplican los valores del esfuerzo y la perseverancia, entre muchos otros. Tener esperanza no es creer en las soluciones mágicas, sino mantener una visión positiva y creativa que nos de ánimo y nos impulse a luchar sin descanso para alcanzar la felicidad, la plenitud y la alegría.

 

Una luz para los indígenas: Cathy Freeman (1973- )

En Australia siempre resultó difícil la integración entre los habitantes originales (llamados indígenas o aborígenes) a la sociedad conformada por los descendientes de los colonos ingleses. Pero en los Juegos Olímpicos de Sídney se hizo una luz para ellos. La corredora Cathy Freeman, de origen indígena, ganó la prueba de los 400 metros y recibió la medalla de oro. Era la primera aborigen australiana en lograrlo. Su triunfo conmovió al mundo y renovó la esperanza en la inclusión, la fraternidad y la igualdad de todos los australianos sin importar su origen.

¿Qué Sabes de Estos Valores?

Algunos lo expresan con palabras: “todo va a salir bien”, “no te preocupes, todo se arreglará”. Otros no lo dicen de forma tan abierta pero tienen ese convencimiento en su vida diaria. En un mundo donde nada es seguro (cualquier hecho puede ocurrir en cualquier instante) todos creemos, en mayor o menor grado, que las cosas se darán de una forma positiva para nosotros.

El corredor confía en llegar a la meta, el caminante perdido siente que hallará su casa y tú mismo esperas cosas buenas para tu vida: alcanzar la profesión que te gusta, vivir cerca de quienes quieres, resolver los problemas que, en particular, tienes tú o tu familia. Esa espera te inspira para comenzar cada día.

La esperanza y tú

La esperanza y el optimismo te enseñan a ver el lado positivo de las cosas y las situaciones que te rodean. Son una disposición del carácter para hallar soluciones y dar la bienvenida a un porvenir dichoso. Cuando los vives a fondo te sientes alegre incluso en situaciones muy difíciles, pues sabes que llegarán a término.

Hasta este momento todo ocurre dentro de ti, pero esos sentimientos no actúan solos: te sirven sólo como una plataforma para esforzarte con entusiasmo, trabajar con entrega y alegría en la búsqueda de tus sueños y comenzar de nuevo cuando todo parece perdido.

El antivalor y sus riesgos

El pesimismo o la desesperanza hacen que veas sólo el lado más desfavorable de las cosas, y aunque no por eso se vuelvan peores, no tendrás inspiración ni entrega en las tareas que llevas a cabo, ¿para qué compras un billete de la lotería si estás seguro de que vas a perder?

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