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Esfuerzo

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Empleo enérgico del vigor o actividad del ánimo para conseguir algo venciendo dificultades.

El esfuerzo es mi valor

La palabra esfuerzo está relacionada con la idea de fuerza. En otros capítulos de este libro hemos criticado el uso de la fuerza combinada con la violencia para lograr los objetivos que se buscan, pero en este la entendemos de una manera diferente. Una persona esforzada está llena de energía y usa su fuerza con propósitos creativos que van más allá de lo que todos hacen. Lleva a cabo su misión de una manera natural y espontánea, sin necesidad de que alguien la presione y sin esperar algún tipo de reconocimiento. El valor del esfuerzo está ligado a la esperanza y a la confianza, pues quien lo vive está convencido de que logrará alcanzar su objetivo. Lo hallamos en las grandes historias de victorias deportivas y conquistas científicas, pero también en las pequeñas historias de quienes desean dar pasos adelante y alcanzar nuevas metas.

Deportes de resistencia

Los Juegos Olímpicos son un escaparate en el que podemos ver las más variadas manifestaciones deportivas dentro del programa oficial con cientos de eventos. Algunos son deportes de exhibición, otros pertenecen al ciclo de competencias. A lo largo de la historia el número de deportes incluidos ha ido cambiando. Los Juegos de Atenas, 1896 incluyeron 9 deportes. Medio siglo después los de Melbourne/Estocolmo, 1956, presentaron 17. Los de Londres, 2012 contaban con 26 y 300 eventos.

Los deportistas que llegan a este certamen, sin importar el deporte que practiquen, han hecho un gran esfuerzo para conseguir su lugar. Sin embargo, hay algunos deportes que exigen, en especial, un extraordinario rendimiento físico por parte de cada atleta sumado a un gran trabajo de concentración antes y durante las competencias. En alguna época ciertos de esos deportes se consideraban sólo para hombres (en las Olimpíadas de la Antigüedad sólo participaban varones), con el tiempo las mujeres se incorporaron a ellos en variantes adecuadas a su capacidad y rendimiento. Hoy unos y otros han roto récords demostrando que el esfuerzo siempre puede conducir a un nivel más alto.

El esfuerzo y tú

¿Cómo avanzar con pasos más firmes en ese proyecto de superación? Hay varias estrategias clave. Una de ellas es la perseverancia, que consiste en sostener tu esfuerzo todo el tiempo, sin importar que a veces las cosas no salgan como esperas ni el cansancio que experimentes.

También te ayuda la disciplina, o capacidad de conservar claras tus metas y organizar mejor tus esfuerzos para que te lleven hasta el fin que buscas, como un triunfo deportivo o una buena nota en tu trabajo. El conjunto se completa con la laboriosidad, tu dedicación a las tareas que te corresponden con cariño, tiempo y entrega.

A veces lo más difícil es comenzar, pero cuando pasa el tiempo y alcanzas a ver los frutos del esfuerzo (tu éxito en la escuela, en la práctica de un deporte o el bienestar de tu familia) verás que cada acción trae una recompensa: tu desarrollo como persona.

El antivalor y sus riesgos

Una persona incapaz de esforzarse jamás logra realizar sus sueños y vive sujeta a aquello que la vida le da. Corre el riesgo de llevar una existencia de carencias y limitaciones en todos los aspectos.

Majestuosos atlantes toltecas

Las construcciones realizadas por las culturas prehispánicas en varios puntos de México son una clara prueba de su elevado nivel de desarrollo, pero también de su capacidad de trabajo y perseverancia. Uno de los casos más notables es el de los Atlantes de Tula, un conjunto de estatuas de casi cinco metros de alto hechas sólo de cuatro pesados bloques de piedra basáltica cada una, dispuestas en lo alto de la ciudad de Tula. Aparte de su valor artístico son un monumento al esfuerzo. Las culturas prehispánicas no conocían la rueda ni disponían de las técnicas de construcción que se conocían en Europa. Estas enormes piedras y las de otras construcciones se desplazaban sólo gracias a los brazos de los indígenas.

 

 

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