Autonomia

Felicidad - Alegría

Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores.

Fuente: www.valores.com.mx

 

Alegría. (De alegre). 1. f. Sentimiento grato y vivo que suele manifestarse con signos exteriores. Felicidad. (Del lat. felicĭtas, -ātis). 1. f. Estado del ánimo que se complace en la posesión de un bien. 2. f. Satisfacción, gusto, contento. Sonreír (Del lat. subridēre). 1. intr. Reírse un poco o levemente, y sin ruido. 2. intr. Dicho de una cosa: Ofrecer un aspecto alegre o gozoso.

—Diccionario de la Real Academia Española.

 

En busca de la felicidad

 

Todas las acciones que desarrollamos en la vida requieren un gran esfuerzo. Piensa en lo que tienes que hacer para ir a la escuela y obtener buenos resultados. Reflexiona sobre las actividades que hacen tus familiares para ganar el sustento de la casa. Piensa también en lo que exige tener un hogar limpio y ordenado. Cada uno de esos procesos es la suma de mil pequeñas tareas que requieren atención y cuidado. Por ejemplo: levantarse, preparar el desayuno, lavar los trastes, recoger la basura, tender las camas, darte un baño, vestirte, etcétera, etcétera… Muchas veces hacemos todo esto como robots, en una forma automática, sin detenernos a pensar mucho en lo que buscamos con esas tareas… ¿Para qué deben servir en conjunto?
           

Entre todos los deseos que hay en el corazón humano, el más alto e importante es estar contentos, sentirnos bien con nosotros mismos, con lo que hacemos y con las personas que nos rodean. En eso consiste la felicidad y debemos orientar nuestras acciones grandes y pequeñas en la vida pensando siempre en ese objetivo: si limpias la casa es porque te sentirás mejor en un ambiente ordenado e higiénico, si estudias es porque te realizarás en una profesión, si haces deporte es porque disfrutarás tu propio cuerpo y si vas a tomar un refresco con un amigo es para compartir un gran momento. Cada una de esas acciones debe darte satisfacción para que, en conjunto, te sientas contento.

 

“La felicidad es un bien que el oro no puede comprar.”
El conde Duckula, 1988

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