Dignidad: Valor del mes de julio

El fusilamiento de Miguel Hidalgo

Fuente: www.valores.com.mx


Cuando Miguel Hidalgo y Costilla, el iniciador de la Independencia, fue detenido, juzgado y ejecutado, aceptó los acontecimientos con valor y serenidad. Antes de morir perdonó a quienes iban a fusilarlo.

 

En marzo de 1811 los más importantes líderes de la Independencia fueron víctimas de una traición organizada por sus enemigos en Acatita de Baján, Coahuila. Los capturaron y los amarraron; los tuvieron presos en distintos lugares y en abril los llevaron a Chihuahua. Entre ellos estaba Miguel Hidalgo y Costilla, que había dado el Grito de Dolores.


Cuando lo interrogaron no se atemorizó, reconoció sus acciones y declaró que combatió por la Independencia porque era útil y buena para el país. Hidalgo fue juzgado por las autoridades políticas y religiosas que se oponían a su lucha. Le quitaron su rango como sacerdote y lo condenaron a muerte.


El 30 de julio de 1811 por la mañana lo llevaron al sitio de la ejecución. Antes de ir al paredón, perdonó a los miembros del pelotón que lo iba a fusilar y les dijo que se pondría la mano derecha sobre el pecho para que pudieran atinarle al corazón. Se negó a que le vendaran los ojos y a sentarse de espaldas: quiso mirarlos de frente. Después de dos descargas Hidalgo rodó al piso y lo remataron con tres tiros más. El Padre de la Patria había muerto dando un ejemplo de honor, dignidad y entrega a México.

Reflexiona

  • ¿Hubiera sido mejor que Hidalgo se negara a aceptar lo que había hecho?
  • ¿Por qué es importante, en ocasiones, reconocer la derrota?
  • ¿Sabes qué significa la palabra “honor”? ¿Qué te imaginas cuando la escuchas?
  • ¿Cómo se relaciona la dignidad con la calma y la valentía?
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Dignidad: un reto para el bicentenario

¿Cómo podemos vivir el valor de la dignidad en el México de hoy? Aceptando que todos y cada uno de los mexicanos somos importantes para el desarrollo del país, realizando nuestras actividades con honestidad, dedicación y esfuerzo.

 

Sabiduría popular

A canas honradas no hay puertas cerradas.
Un anciano digno y honesto siempre es respetado.
A jugar y perder, pagar y callar.
Cuando se sufre una derrota hay que aceptarla con honor.

 

 

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