Cuento de Lealtad

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Los verdaderos amigos

La escuela Valentín Gómez Farías es una primaria como cualquier otra. Los salones de clase, el patio, el auditorio, la cooperativa y los baños son semejantes a los de muchas escuelas. También los maestros que trabajan allí se parecen a los que puede uno encontrar en la mayoría de los colegios de México.

A primera vista los estudiantes tampoco tienen nada de especial. Sin embargo, cuando uno mira con atención, se da cuenta de que muchos de los alumnos y las alumnas tienen algo muy peculiar. Es algo que llama la atención de aquellos que pasan frente al edificio a la hora de la entrada o la salida. Nadie puede dejar de notar que la mayoría de los alumnos, tanto los niños como las niñas, llevan el pelo muy corto. Muchos de ellos, incluso, lo usan a rape. ¿Cuál es el motivo? Los rumores no se hacen esperar. Algunos aseguran que una plaga de piojos atacó a los chicos y muchos fueron obligados a cortarse el cabello. Otros afirman que se trata de un castigo impuesto por la directora. Hay quien dice que es una nueva moda.

La verdad es muy diferente y tiene que ver con uno de los más bellos valores del ser humano.

Todo empezó hace tres meses, cuando Ana Luisa, una alumna de 5°B, dejó de asistir a clases. Esto hizo que Elena, Mirta, Arturo y Gonzalo, quienes son sus mejores amigos, se preocuparan. Su inquietud aumentó cuando se dieron cuenta de que Ana Luisa ya no publicaba cosas en Facebook ni escribía en su cuenta de Twitter.

Entonces, los cuatro pidieron permiso a su maestra para ir a visitar a su amiga, quien vivía cerca de la escuela. Ella les dijo que no era conveniente: “Su compañera está enferma. Por ahora es mejor dejarla descansar”. Elena quiso saber qué enfermedad padecía Ana Luisa. La maestra dudó unos momentos antes de responder: “Tiene cáncer. Es una enfermedad muy seria que requiere muchos cuidados”. Luego, la profesora les explicó que Ana Luisa estaba recibiendo un tratamiento llamado quimioterapia que la debilitaría y, quizá, provocaría que se le cayera el pelo. La noticia hizo que los cuatro amigos se entristecieran. Entre todos le compraron una tarjeta. También le enviaron libros, una pulsera y otros regalos.

Por fin, un día Ana Luisa regresó a clases. Todos se sorprendieron al verla: lucía más delgada y llevaba una pañoleta en la cabeza para ocultar la falta de cabello. Ella les dijo que aún seguía en tratamiento.

Elena, Mirta, Arturo y Gonzalo la recibieron con alegría y la ayudaron en todo lo que pudieron. Sin embargo, cuando algunos alumnos de sexto supieron que Ana Luisa no tenía pelo, comenzaron a burlarse a sus espaldas. Se reían de su calvicie y le inventaban crueles apodos. Y aunque los profesores intervinieron, no fue posible evitar las burlas. Todo esto hacía que a Ana Luisa se le llenaran los ojos de lágrimas.

Sus amigos estaban decididos a apoyarla, pero no sabían cómo. Entonces se les ocurrió una idea: una tarde los cuatro fueron a la peluquería y pidieron que los dejaran pelones. Al día siguiente llegaron al colegio luciendo con orgullo sus cabezas brillantes. Era una forma de decirle a Ana Luisa que la querían y la apoyaban. Ella se sintió conmovida por su lealtad. Cuando la noticia se extendió por toda la escuela, más niños y niñas pidieron a sus padres que les cortaran el pelo. Esto ayudó a que Ana Luisa se sintiera mejor.

 

¿Y tú qué piensas…?

• ¿Qué opinas de la idea que tuvieron los amigos de Ana Luisa?

• ¿Estarías dispuesto a hacer algo similar por una amiga o un amigo tuyo?

• ¿Existen en tu escuela compañeros que se burlan de personas con alguna enfermedad o discapacidad? ¿Qué piensas de ello?

• ¿Por qué crees que otros niños y niñas de esta escuela también les pidieron a sus padres que les cortaran el pelo?

 

Los tres amigos

Juan, Jorge y Cristina compartían juegos, diversiones y deportes. En una ocasión Juan y Jorge se disgustaron por un torneo de canicas y decidieron no hablarse. Juan fue con Cristina y le dijo:

“Si quieres seguir siendo mi amiga, no te juntes con Jorge.”

Cristina le respondió: “No me pidas eso porque yo soy fiel a mis amigos.”

Al rato Jorge se presentó para pedirle que no se juntara con Juan y ella le contestó: “Prefiero que ni tú ni Juan se junten conmigo a traicionar a cualquiera de los dos por un asunto que no vale la pena”.

Admirados por su ejemplo, los niños se contentaron y su amistad fue más bonita que nunca.

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