Acciones de Equidad

¿QUÉ SABES DE ESTOS VALORES?

Lo vives todos los días en cada una de tus actividades. Sabes, por ejemplo, que tienes el derecho de acudir a la escuela para aprender nuevas cosas. Sabes también que tienes obligación de ayudar a tus padres para facilitar tu propia vida y la de tu familia. También lo percibes en lo que ocurre a tu alrededor. Tus vecinos tienen derecho a los servicios públicos (suministro de agua, recolección de basura, alumbrado), pero también tienen la obligación de cubrir las cuotas que les corresponden, mantener limpia la calle y no afectar las propiedades de los demás.

Este conjunto de obligaciones y derechos sirve de base a la vida en sociedad y organiza nuestras acciones. Pero también está aquello que cada quien consigue por sus méritos. La justicia consiste en dar a todos lo mismo, en general, y la equidad en darle a cada quien lo que merece.

Tú las practicas de forma natural, sólo requieres orientarlas de la mejor manera.

LA EQUIDAD Y TÚ:

¿Cómo lograrlo? El primer paso consiste en el reconocimiento de la igualdad: todos los seres humanos son iguales y en esa medida deben tener las mismas oportunidades para realizar sus metas. Cuando ese reconocimiento se pierde es necesario aplicar la justicia; no siempre se trata de acudir ante los tribunales, sino de un principio práctico que debe usarse a cada momento mediante una revisión constante de las condiciones en que vivimos nosotros y en que viven los demás y reorientarlas si es necesario para apoyar a quien está en desventaja, con un principio de equidad. Todos estos valores parten de un principio esencial: el respeto, la consideración que merecen los demás, y la que merecemos nosotros. Estas acciones comienzan en nuestra casa, se extienden a la calle y, en el mejor de los casos, deberían abarcar al mundo.

EL ANTIVALOR Y SUS RIESGOS:

El extremo contrario a la equidad es la iniquidad, concepto que también se concibe como “falta de justicia”. El peligro de promover la ventaja de algunos y la desventaja de otros es poner en riesgo la estabilidad del ámbito personal y de la sociedad en general.

CARLA DEL PONTE: EN BUSCA DE JUSTICIA

Ejemplo de la valiosa integración de la mujer a grandes responsabilidades frente a la sociedad, y promotora de la equidad y la justicia internacionales, en los últimos años ha destacado la figura de la abogada suiza Carla del Ponte (1947-). Estudió derecho en Berna, Ginebra y el Reino Unido.

Como fiscal de tribunales internacionales ha luchado por combatir a la delincuencia organizada y castigar a los responsables de los crímenes cometidos durante las guerras de Ruanda y los Balcanes aun poniendo en riesgo su propia vida. En sus palabras, “la justicia para las víctimas y los sobrevivientes [de la guerra] requiere esfuerzos nacionales e internacionales”.

EL VALOR EN LA HISTORIA:

LAS MUJERES ACUDEN A LAS URNAS EL VOTO FEMENINO EN MÉXICO.

Por muchos siglos, en todos los países del mundo, la toma de decisiones y la participación política estuvieron reservadas a los hombres; sólo ellos podían votar y ocupar puestos de elección popular. La situación no era justa para las mujeres, la mitad de la población adulta: aunque tenían que obedecer las leyes no podían intervenir en el gobierno. Muchas figuras ilustres lucharon para que el sexo femenino pudiera acudir a las urnas y tuviera plena igualdad de derechos y obligaciones en la sociedad. Gracias a su esfuerzo, a lo largo del siglo XX, varias naciones europeas modificaron sus leyes en ese sentido. Era natural que la misma inquietud surgiera en México después de la Revolución. El país se modernizaba y resultaba urgente que las mujeres tomaran parte activa en la vida nacional para que ésta se beneficiara de su esfuerzo e inteligencia. Ya en 1916 las leyes de tres estados pioneros (Yucatán, Chiapas y Tabasco) habían estipulado la completa igualdad jurídica de la mujer con respecto al hombre: las mujeres podían votar y también aspirar a cargos de elección.

En las décadas siguientes el papel de las mujeres comenzó a transformarse, miles de ellas se integraban más a la actividad productiva de México: había maestras, obreras, negociantes y científicas cuyo esfuerzo enriquecía la vida diaria.

En la década de 1930 cobró forma un importante movimiento feminista en busca del voto. El Frente Único Pro Derechos de la Mujer reunió a 50,000 personas y realizó congresos nacionales. La sociedad mexicana tomó conciencia de lo importante que era darles plenos derechos como ciudadanas y en 1946 se hicieron reformas a la Constitución para que pudieran votar en las elecciones municipales y ocupar cargos en los municipios.

El gran cambio ocurrió en 1953, durante la presidencia de Adolfo Ruiz Cortines. El artículo 34 de la Constitución se modificó para incluir a las mujeres en su definición de ciudadanos. Finalmente podían votar y participar con los mismos derechos que los hombres. En un hecho histórico, el 3 de julio de 1955 ellas acudieron a las urnas para elegir diputados a la XLII Legislatura. Este paso marcó el inicio de una nueva etapa para la mujer en México.

La conquista de cargos de elección popular ocurrió poco a poco. En 1979 la maestra Griselda Álvarez (que ya había sido senadora) se presentó a las elecciones para el gobierno de Colima y triunfó. Fue la primera mujer en ocupar el cargo de gobernadora de un estado, entre 1979 y 1985. Con el paso del tiempo los casos se multiplicaron y hubo diputadas, senadoras, delegadas y presidentas municipales en todo el país. Varias de ellas se integraron al gabinete presidencial en puestos estratégicos y fueron excelentes embajadoras de México ante el mundo.

Aunque en menos de medio siglo la situación de la mujer tuvo un cambio radical en ese sentido, hoy día aún tenemos que trabajar para garantizar su plena integración a la política y todos los ámbitos de la vida nacional.

 

ACTIVIDADES:

¿De qué manera puedes promoverlos en tu ambiente? Observa lo que ocurre en tu casa, en tu escuela, en tu comunidad y detecta aquellas situaciones en las que se falte al respeto a alguien, en que las condiciones que se ponen a unos no sean iguales a las que se ponen a otros. Observa en especial tu propia situación: ¿sufres alguna injusticia?, ¿eres justo con las personas que te rodean? Aprende a reconocer también los méritos de los demás y ayúdalos a superar sus desventajas.

Ten la capacidad de renunciar a cualquier provecho obtenido por medios desiguales, como el abuso de los demás. Piensa con cuidado dónde se encuentran las principales áreas de oportunidad para promover la justicia y comenta tus inquietudes con tus familiares, tus maestros y compañeros de escuela. Recuerda: se trata de garantizar lo mismo para todos y, dado el caso, un poco más para quien lo merece por su esfuerzo.

  • Observa cómo se reparten las tareas en tu hogar y contribuye a ellas. Mantén en orden tus cosas y no esperes que alguien más llegue a arreglarlas. Ayuda en quehaceres sencillos: tiende tu cama, pon la mesa de la comida, realiza pequeños mandados.
  • Si practicas algún juego o deporte considéralo un aprendizaje del respeto a las reglas y a las personas que participan en los encuentros.
  • Si sufres algún tipo de maltrato o abuso en casa o la escuela infórmalo de inmediato a alguna persona que te dé confianza.
  • Detecta los casos de quienes sufren algún tipo de desventaja y ayúdalos a superarla.

Lo que aprendiste:

La equidad y la justicia abren las mismas oportunidades para ti y las demás personas.

Practicándolas contribuyes a que cada quien logre el máximo desarrollo de sus facultades y el mundo se convierta en un lugar mejor para vivir.

Amplía tu visión:

  • En la biblioteca de tu escuela busca la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos lee y comenta su Título I: “De las garantías individuales.”
  • Los grupos especiales, como las personas discapacitadas o las de la tercera edad, gozan de derechos especiales para garantizar la equidad social. Investiga cuáles son.
  • Tú, como menor de edad, tienes derechos exclusivos gracias a la Convención sobre los

Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas. Puedes buscarla y leerla.

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