
¡Esquina Bajan!
Fuente: Fundación Televisa
Fundación Televisa, le invita a disfrutar de ¡Esquina Bajan! un espectáculo sorprendente, que revive la música y época de los años 40 y 50 en la ciudad de México a cargo de la Compañía Nacional de Danza, que presenta además en su temporada otros dos espectáculos Deseo y Sinfonía para Nueve Hombres en el Palacio de Bellas Artes, del 10 al 17 de junio en el Palacio de Bellas Artes.
Deseo (Désir)
Coreografía: James Kudelka
La partitura de Sergei Prokofiev para el ballet de La cenicienta casi siempre ha dejado confundidos a los coreógrafos y críticos quienes se preguntan cómo una partitura tan sofisticada y sarcástica puede guiar un cuento de hadas. James Kudelka ha seleccionado cuatro valses de ese ballet, así como dos valses de la ópera Guerra y Paz, haciendo a un lado los requisitos de una narración, ha sido capaz de que la música inspira al baile a siete parejas que celebran la pasión, el placer y el deseo bajo la luz de la luna. Deseo (Désir) fue creado para Les Grands Ballets Canadiens y su primera presentación se llevó a cabo el 31 de enero de 1991 en el teatro Place des Arts en Montreal, Canadá
Sinfonía para nueve hombres
Coreografía: James Kelly
Música: de Metallica por Apocalyptica-Inquisition Symphony Una respuesta clásica a una música moderna. Tomando el vocabulario del ballet clásico con una música de rock pesado (Metálica) interpretado por músicos clásicos y volteando todo de cabeza. Uso el marco de la variación del hombre como punto de salida y voy explorando el virtuosismo, la masculinidad y la musicalidad.
¡Esquina bajan!
Idea original y coreografía: Nellie Happee
Música: Agustín Lara , Alfredo Gil, Jerry Gray, S. Garris, S. Oliver, Jacob Gade, Vera Bloom, Dámaso Pérez Prado, Alberto Domínguez, Aniceto Díaz y Amador Pérez
Es una obra que tiene una gran carga de nostalgia, nostalgia de una época y de una música, la popular urbana de la década de los años 40 y 50 de mi adolescencia y también añoranza de una Ciudad de México habitable y de rastro humano que se nos fue.
Durante veinte años acaricié la idea de hacer la obra, y mientras esperaba la oportunidad de montarla, iba acumulando información: cancioneros que caían en mis manos, revistas de la época con modas, discos de 78 revoluciones, artículos sobre los letreros en los camiones, libros y hasta el santoral biográfico para sacar los nombres de mis personajes como Agapito, el bolero, Severina, la pasajera o Benigno, el gendarme. Mucho me ayudó a ubicar la obra el haber viajado, desde los doce años sola, en camión por toda la ciudad. Diariamente la atravesaba desde la colonia Industrial hasta las Lomas para tomar mis clases de ballet. Así experimenté las esperas, los apretujones, las subidas de última y las bajadas rápidas, en que peligraba la integridad de mi mochila; pero también en el camión preparé exámenes, leí el Reader’s Digest, soñé despierta y me quedé dormida en la manga de un señor hasta la terminal, con la consiguiente angustia de mi mamá, que me esperaba frente a Nieto.
Por haber recorrido la ciudad por tan diferentes rumbos sabía exactamente dónde quería que transcurrieran las acciones; en una esquina de la colonia de los Doctores, frente a un parque el España o el México o teniendo como fondo el kiosco de Santa María la Ribera, y no podía faltar Bellas Artes, a donde entré a estudiar a los ocho años y del que guardo una foto mía ataviada con mi primer "tutu" tomada en la terraza que da hacia Avenida Hidalgo.
Gracias a mi tía Luz que era devota de las películas de Libertad Lamarque y que me llevaba de contrabando a verlas, me aficioné a sus canciones. Mi favorita era "quiero emborrachar mi corazón para olvidar un loco amor, que más que amor es un sufrir".
Esa la quise usar para la parte de Los gángsters, pero no habiendo encontrado una buena grabación tuve que optar por "Celos".
En cuanto a las canciones de Lara, los Panchos y de muchos otros, bailé a su música hasta las altas horas de la noche, llegando a casa con los zapatos en la mano. Me encantaba bailar todo pero creo que mis preferidas eran el danzón y el paso doble ¡Toda esa música es tan nuestra!...
Cuando dirigía Ballet Clásico 70 conocí a un bailarín que cuando hacíamos fiestas tocaba la guitarra, cantaba, bailaba y a mis ojos se transformaba en otra persona. Adiós la preocupación por la técnica, por la línea, se entregaba al movimiento, lo saboreaba y lo hacía a uno partícipe de ese, su bien estar.
Yo lo observaba y pensaba, porque no puedo hacer una obra donde ellos sean ellos, donde irradien y comuniquen ese bienestar, ese bienestar que da el pisar terreno propio.Y fue así como asumiendo mi nostalgia me lancé a crear ¡Esquina bajan! -mi pequeño homenaje- a esta Ciudad que es tan mía.


