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Colección Fotográfica de Fundación Televisa
Fundación Televisa
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Fundación Televisa 2006®


Amarga belleza
Puebla, Puebla
Museo Nacional de la Laguna, Torreón, Coahuila.

Cuando ya casi nada parece tener sentido, aún está ahí, incólume, la belleza. Su persistencia ha sido siempre un motivo de negación, de transgresión y también de salvamento. La obra de arte contemporáneo, incluso sus múltiples radicalismos, en el torbellino de sus colapsos sociales, ha permanecido fiel a esa búsqueda imposible, aún profanando su naturaleza prístina y/o renegando de sus visiones utópicas. Lo sucio, lo perecedero, lo inocuo, lo terrible, lo frágil, lo irrecuperable... han hecho emerger nuevos territorios visuales, como estigmas recientes del destino humano. Estas obras, sean utopía, bálsamo, ruina o revelación, exhiben lo que aún podríamos acordar como belleza. No ya un patrón de gusto, no ya un estilo esmerado, no ya algo banalmente amable, sino una herida abierta. Una experiencia límite que da sentido a las más firmes elecciones del ser humano.

De esta perfección imposible o de esa imposibilidad perfecta, trata la presente exposición. Esta belleza -si así pudiera considerarse- como nueva construcción cultural, ¿tiene aún alguna capacidad para sanar a la sociedad, no para dominarla sino para enaltecerla? ¿Acaso este límite donde lo bello ha sido arrastrado por una verdad impostergable y saca a flote una emoción aterradora y a la vez insondable, es propio estrictamente de la expresión contemporánea? ¿Y dónde dejar a Piranesi, a Rembrandt, a Bruegel o a Blake? Lo abyecto, la intrascendencia, el desarraigo y la disolución siempre traducen a manera de sismógrafo las tensiones y las reticencias del ser humano frente a los modelos de sociedad disponibles. Hoy, no es una excepción. Las sucesivas fracturas del contrato social, el modo que las dinámicas económicas de eficiencia, competencia y especulación han permeado las prioridades humanas; unido el tráfico de valores éticos instrumentales necesarios para el "éxito social", han subvertido las nociones de sublime, de trascendencia y de identidad individual. Y el arte contemporáneo, en su modo sutil, da cuenta de esto, encarnándolo.

Esta exposición no es sobre el gusto estético sino sobre la belleza como un territorio aún posible de comunión, de autosacrificio  y de verdad. Sobre cómo la obra de arte, -muchas veces a contracorriente de las mayorías de opinión o de las inercias y conveniencias de los esquemas sociales-, logra decir y hacernos ver aquellas imágenes incómodas donde el ser humano se descubre a sí mismo: en su soledad, en su transitoriedad, en su miedo, en su violencia, en su delicadeza, en su afán de perfección, en sus fugas, en su silencio... (*)

 

 

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