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Santo, El Enmascarado de Plata
Fuente: Fundación Televisa
En el olimpo mexicano de la segunda mitad del siglo XX, hay un lugar reservado para los resplandores de una máscara plateada. Pocos héroes civiles o militares, deportistas, estrellas de cine y demás personalidades de merecido renombre, alcanzaron las alturas mitológicas del luchador que combatió bajo la protección de aquella capucha y con un nombre de explícitas referencias religiosas: Santo, El Enmascarado de Plata. A Rodolfo Guzmán Huerta (Tulancingo, Hidalgo, 1917-Ciudad de México, 1984) perteneció el cuerpo en el que residieron los poderes de la mayor leyenda de la lucha libre mexicana y del superhéroe que México necesitaba para enfrentar los peligros de la Era Atómica.
Santo tuvo su primera aparición luchística el 26 de julio de 1942, portando una tosca capucha de cuero y enseñando las mañas características de los combatientes rudos.
Por las siguientes cuatro décadas batalló en las arenas mexicanas, ganando campeonatos y apostando su máscara contra otras capuchas y cabelleras, sin revelar jamás el preciado tesoro de su identidad. Pero esa carrera en los cuadriláteros, larga y fatigosa, fue sólo uno de los caminos que llevaron a El Enmascarado de Plata a los nichos de la devoción popular.
La fama del enmascarado, quien fue parte del elenco de las luchas transmitidas por la televisión mexicana en sus primeros años, se extendió más allá del ring cuando se convirtió en el protagonista de una historieta realizada con la técnica del fotomontaje y editada por José G. Cruz: Santo El Enmascarado de Plata, una revista atómica, cuyos primeros números aparecieron en 1952. En ese mismo año Santo enfrentó el más importante compromiso de su trayectoria luchística, al apostar su máscara contra la de Black Shadow, su acérrimo rival. Hubo gran expectativa para ese combate que se celebró el 7 de noviembre y fue seguido en vivo por las cámaras de televisión.
Black Shadow, también conocido como El Príncipe Negro, perdió su capucha y debió dar a conocer su nombre real: Alejandro Cruz. Esa noche memorable se enfrentaron no sólo dos luchadores enmascarados sino dos personajes de papel –Black Shadow era también héroe de una saga historietil–. En el cine, cuadrilátero sin fronteras, Santo confirmó su condición de superhéroe imbatible. Incursionó en la pantalla grande en 1958 con un doble rodaje, realizado en La Habana, Cuba: Santo contra El Cerebro del Mal y Santo contra los Hombres Infernales. Con esas cintas se inició una filmografía compuesta por más de cincuenta películas que fue el eje rector del único género cinematográfico que México ha aportado al mundo: el cine de luchadores. Santo contra las Mujeres Vampiro (1962), Santo contra la invasión de los Marcianos (1966), Santo contra las Momias de Guanajuato (1970) y Santo contra el Dr. Muerte (1973), son algunos de los títulos en que el Enmascarado de Plata evitó que las fuerzas oscuras arrasaran con la felicidad de la especie humana.
Ya retirado de la lucha libre, Santo se dedicó a realizar actos de escapismo. La noticia de su muerte, sucedida el 5 de febrero de 1984, conmocionó a los mexicanos que habían visto en la máscara plateada el emblema de una deidad tutelar. Uno de los vástagos de Rodolfo Guzmán, El Hijo de El Santo, ha seguido los pasos de El Enmascarado de Plata en los mundos reales y ficticios en que transcurren las aventuras de la lucha libre.
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